Introducción a la cultura de Anáhuac.

cabeza olmeca

La primera civilización en aparecer en el Anáhuac fue la Olmeca, mejor conocida como la cultura madre en el año de 1500 a.C. Su influencia se ve en las culturas que les siguen, como lo son la maya, la zapoteca o la nahua, esta influencia se puede observar en sus iconografías en sus zonas arqueológicas, la más notoria siendo la serpiente emplumada.

Es importante mencionar que de todas las civilizaciones de provenientes del Anáhuac construyeron piramides. A la fecha se tiene registro de que en México hay 187 zonas arqueológicas y dentro de cada una de ellas hay más de una pirámide, este es un número superior al de Egipto, teniendo solo 110 pirámides.

No existe una manera concreta para describir en plenitud a sus habitantes, pero en palabras del Dr. Miguel León Portilla menciona que la Toltecáyotl es “el conjunto o esencia de la sabiduría y las instituciones de los toltecas”.

Además, en el Siglo XVI Sahagún relata que, “Los toltecas eran gente experimentada, todas sus obras eran buenas, todas rectas, todas bien hechas, todas admirables, estos toltecas eran ciertamente sabios, solían dialogar con su propio corazón.”

El mundo en la Anáhuac era percibido como un campo de energía u o puestos complementarios. La primera era la energía luminosa, todo lo que está constituido por átomos, a este le llamaron Tláloc y era representado con el agua. La otra energía complementaria es la espiritual y era representada con Quetzalcóatl. Tambien hay que mencionar que los anahuacas nunca tuvieron dioses y no eran idólatras.

reunion social

En el planeta existen solo seis civilizaciones con origen autónomo. Es decir, que no tuvieron “prestamos culturales” de otros pueblos. Todo su conocimiento lo generaron por ellas mismas. Mesopotamia, Egipto, India, China, México y la Zona Andina, son las civilizaciones consideradas “Madre” en el mundo. De ellas han abrevado y se han enriquecido todas las demás culturas y pueblos, sean japoneses, alemanes o kenianos. Cada una de estas “civilizaciones madre” ha dado al mundo “elementos culturales”, tangibles o intangibles, que a través del tiempo y del mestizaje han producido formas de ser, hacer y entender el mundo y la vida, que los caracteriza y los diferencia de los demás. De esta manera, los antiguos griegos o los modernos judíos, no serían lo que fueron o lo que son, sin los conocimientos que aportaron estas “civilizaciones madre”. Para el caso de la Civilización del Anáhuac, podemos afirmar que poseemos, por lo menos, cinco “elementos culturales” únicos en el mundo, que nos caracterizan y nos diferencian en el concierto de las civilizaciones antiguas del mundo y que no compartimos, de origen, con ninguna civilización originaria. Partes indivisibles y fundamentales con las que se construye una cultura. La civilización Occidental o judeocristiana no es de origen autónomo, pues nació de los aportes de Mesopotamia, India y Egipto, en sus inicios.

El Anáhuac es el nombre correcto de nuestro país. El nombre de México se lo pusieron indebidamente los criollos en 1821 cuando “inventaron su país”, en recuerdo a los mexicas, una de las tantas culturas del milenario Anáhuac. En primer lugar, somos los únicos que después de domesticar el cultivo de las plantas en el año seis mil a.C. “inventamos” el maíz. En efecto, mientras las otras civilizaciones “domesticaron” una planta en estado silvestre para obtener su grano alimentario básico, como el caso de los chinos que domesticaron el arroz o los mesopotámicos que domesticaron el trigo. Nuestros Viejos Abuelos transformaron a través de lo que hoy llamamos “ingeniería biogenética” un pasto llamado “teozintle” en el maíz. Es decir, modificaron casi totalmente al teozintle para producir una planta diferente que llamamos maíz. Esta planta no la creó la naturaleza, es creación humana y por tal motivo, solo la mano del ser humano es la que permite su reproducción. De manera que sí un día desapareciera el ser humano, con él desaparecería el maíz. Por ello, toda nuestra civilización se basa en el maíz. Este prodigio de la inteligencia humana nos habla de la clase de seres humanos que ha producido la civilización del Anáhuac. Es decir, que los antiguos anahuacas fueron investigadores y científicos muy adelantados, capaz de entrar en terrenos de la ciencia que muy recientemente la ciencia moderna está investigando. En efecto, la creación del maíz a través de su modificación genética, nos descubre un mundo muy avanzado en la ciencia de nuestros Viejos Abuelos. Este logro científico alcanzado por el ser humano hace ocho milenios, es tan importante como el hombre en la Luna en el siglo XX. Somos herederos de una tradición científica, lo que implica miles de años de observación, análisis, registro y sistematización de la información. Esta práctica permitió que los Viejos Abuelos inventaran el “cero matemático” antes que cualquier pueblo del mundo. O que conocieran perfectamente la mecánica celeste, lo que les permitió dar al mundo del siglo XVI el calendario más exacto de aquellos tiempos. Este espíritu científico y de investigación permitió que la civilización del Anáhuac le diera a la humanidad otros aportes de valor muy significativo para el bienestar de los seres humanos hasta nuestros días. El chocolate, el amaranto, la vainilla, el jitomate, el aguacate, el chicle, entre muchos otros productos que la sabiduría de nuestros Viejos Abuelos aportó al mundo y que hoy conforman “el mundo moderno” en el que vive globalizada la humanidad. El invento del maíz nos habla de un legado de investigación científica que se transforma en un “elemento cultural” que nos distingue.

olmecas-2

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *